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Jardines verticales

POR MIGUEL JURADO, ARQUITECTO (FADU-UBA), PERIODISTA ESPECIALIZADO EN ARQUITECTURA Y ARTISTA PLÁSTICO.

Ya principios del siglo XX, el famoso arquitecto Frank Lloyd Wright decía que un médico entierra sus

Frank Lloyd Wright

errores pero que un arquitecto apenas puede plantar una enredadera para ocultarlos. El genial autor del espiralado Guggenheim de Nueva York condenaba al mundo vegetal al mero papel de solución de último momento. Sin embargo, la historia lo está contradiciendo: las paredes vegetales se pusieron de moda. Y todo empezó no hace mucho.

En 1988, el botánico francés Patrick Blanc inventó el primer jardín vertical del que se tenga noticias, la fachada vegetal del museo de Quai Branly de París. Blanc fue convocado por el arquitecto, también francés, Jean Nouvel para darle un recubrimiento natural al museo que estaba proyectando. Nouvel es un experto en edificios culturales, suma el Santa Sofía de Madrid, el Louvre de Abu Dhabi, el nacional de Qatar y el Instituto del Mundo Árabe, entre otros. Lo cierto es que este arquitecto no tenía un error que cubrir con una enredadera, como le hubiera gustado a su colega Wright, más bien quería que su edificio nuevo luciera más vegetal.

Patrick Blanc

Blanc había empezado a poner plantas en las paredes mucho antes de que lo llamara Nouvel. Según él mismo afirma, su primer jardín vertical lo hizo en su cuarto, cuando tenía 18 años. Pero para el museo, el botánico inventó algo a gran escalas. Su fórmula fue una doble piel de textiles sintéticos a la que rellenó con sustratos terrosos, en pequeños orificios de la superficie exterior, plantó especies elegidas con mucho cuidado para que aprovecharan las condiciones climáticas de París y la orientación que ofrece cada cara del museo. Por otro lado, un sofisticado sistema de riego aseguraría que las plantas crecieran con vigor.

El experimento fue un éxito y se diseminó por todo el mundo. Blanc fue convocado por los suizos Herzog y De Meuron para tapar una medianera junto a el edificio de la Caixaforum que estaban haciendo Madrid. Y siguieron otros encargos que lo volvieron en el botánico más famoso de la arquitectura moderna.

Caixa Forum

Claro que el invento del francés también cosechó imitadores en todos lados, inclusive en Buenos Aires. Por ejemplo, se puede ver un intento de jardín vertical en los costados de la autopista 25 de Mayo, cuando se conecta con la 9 de Julio, a la altura de San Juan. El Gobierno porteño hizo poner unos tubos de plástico para que crezcan plantas y tapen los paredones de los costados. Más o menos está funcionando. También hay techos vegetales en los viejos puentes que cruzan el ferrocarril Sarmiento en el barrio de Caballito. Y hasta una conocida marca de ropa de cama, utiliza paredes ajardinadas para su carteles.

Cruces del FFCC Sarmiento en Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Pero lo más científico en materia de jardines verticales porteños se puede ver en un edificio de la calle Bulnes, entre Las Heras y Cabello. Allí, los arquitectos María Cobelo y Federico Aja Espil hicieron una pared verde de 6 pisos. Como no tenían la receta de Blanc, tuvieron que investigar bastante. El primer problema era que un jardín es una fuente de humedad constante. Y la humedad es la principal enemiga de los arquitectos y sus obras.

Bulnes Aja Espil Cobelo

Para separar lo húmedo de lo que, necesariamente, debe permanecer seco, los arquitectos crearon una estructura que independiente que sostiene el verde a una distancia prudencial de la pared de ladrillos, sobre ese armazón clavaron un fieltro plástico con bolsillos, los llenaron de tierra y pusieron los plantines allí. Un sistema de riego automático y las plantas adecuadas dio por resultado un verdadero tapiz vegetal.

El tema de elegir las plantas no es una pavada, al mismísimo Blanc, con más de 300 jardines verticales en su haber, la pifió en la Caixa de Madrid y tuvo que replantar la medianera. Su máximo desafío es un jardín vertical de 160 metros en una torre de Sidney, Australia.

ACROS Fukuoka Prefectural International Hall, Emilio Ambasz.
Proyecto para el Museo de Arte Moderno de Buenos Aries de Emilio Ambasz

 

La audacia vegetal no es patrimonio exclusivo de Blanc, en 2004, el argentino Emilio Ambasz donó un proyecto súper verde para ampliar el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el MAMBA, el que está en avenida San Juan al 300. Bueno, la ampliación se hizo pero la idea de Ambasz, que incluía hacer una especie de gran edificio botánico, no pudo ser.

 

 

Quai Brandly

El famoso arquitecto que vive entre Europa y los Estados Unidos no se dio por vencido y donó el proyecto para un museo de arquitectura en Madrid, a pocas cuadras de la Caixa de Blanc. El proyecto promete dos enormes paredes con plantas. Ambasz no es un improvisado, hace 20 años construyó un centro cultural en Japón con un jardín en cascada sobre los techos aterrazados de sus 15 pisos.

Para Blanc, su invento no tiene límites: «En lugar de no ser nada, o un lugar para graffitis, una pared pasa a transformarse en algo poético», dice, y tiene razón.

 

Fuente:

https://www.verticalgardenpatrickblanc.com/realisations/paris/quai-branly-jacques-chirac-museum#

http://www.jeannouvel.com/

 

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1 Comentario

  1. Gabriela Benito
    21/07/2020 de 12:19 — Responder

    Gracias por destacar el jardín vertical de Bulnes, implicó varios meses de investigación en plantas, fieltros, instalación y demás cuestiones relacionadas con la materialización de un sistema de este tipo. Fuimos varias personas involucradas, no siempre mencionadas. Fue una pena que la falta de mantenimiento en el tiempo desnaturalizó la plantación original, diseñada de acuerdo a las diferentes alturas del edificio.

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