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CONSUMO RESPONSABLE: UN HÁBITO QUE SE VOLVIÓ TENDENCIA

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¿Qué es el consumo responsable?

Una definición teórica de «consumo responsable» podría ser: aquel consumidor que conoce sus derechos y se guía por criterios sociales y medioambientales con el objeto de contribuir a un entorno favorable para todos, y garantizar un consumo con el menor impacto posible al medio ambiente, con el objeto de contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas que habitan este planeta y el de las generaciones futuras.

En la práctica podemos resumirlo como aquel que se hace cargo del eslogan que dice que depende de todos nosotros cuidar al planeta, es aquel que toma una actitud activa y crítica de lo que consume, y que a la hora de elegir un producto, lo hace en base a cómo fue manufacturado y cómo afecta el proceso al medio ambiente.

El consumo responsable se basa en dos máximas, que son consumir menos y que lo que consumamos sea lo más sostenible y solidario posible.

Es una manera de consumir bienes y servicios teniendo en cuenta, además de las variables de precio y calidad, las características sociales y laborales del entorno de producción y las consecuencias medioambientales posteriores. Cada producto o servicio tiene una historia: antes de llegar a la góndola, los mismos han pasado por distintas instancias (materia prima, fabricación, distribución, etc.).

Existen productos y empresas que promueven situaciones de equidad, participación, cuidado de medio ambiente y otros que mantienen situaciones de inequidad o contaminación, en el que el único interés es el de generar riquezas.

El concepto de «consumo responsable» no finaliza cuando se consume el producto.  Está la segunda etapa que es la de los residuos y como se los trata. Las ciudades tienen muchas toneladas de basura que no se tratan. Esto nos obliga a pensar y adoptar políticas de reciclado para evitar la contaminación.

El rol de las empresas

Las grandes empresas no se pueden mantener al margen. Se espera de ellas que incorporen esta política para la elaboración de sus productos. Los consumidores están poniendo la lupa en temas de cuidado del medioambiente y están empezando a exigirles a las grandes empresas lo mismo.

Cómo ejemplo actual podemos citar la utilización por parte de algunas empresas de envases de vidrio y de bolsas reutilizables.  El consumidor que elige estos envases está propiciando una menor generación de basura (lo envases de vidrio son reutilizables) y una menor contaminación, ya que el vidrio se degrada casi diez veces más rápido que el plástico y las bolsas se pueden reutilizar hasta 50 veces y son biodegradables.

Otro ejemplo es el de LEDESMA NAT. Desde hace varios años fabrica papel 100 % a base de caña de azúcar, sin usar árboles, ni blanqueadores químicos. Es una evolución en la producción de papel, con una mirada sustentable en todo el proceso de producción. Con una política de sustentabilidad promueve el consumo responsable de sus clientes a través del programa «un nuevo hábito». Este programa incluye tips para empezar nuevos hábitos de consumo responsable:

1) Investigar sobre el tema y aclarar todas las dudas

2) Establecer un plan: podés ayudarte de calendarios, planners y recordatorios

3) La constancia es clave: al repetir la actividad, poco a poco se transformará en hábito

4) Reflexionar sobre su propósito: el para que te motivará  seguir adelante.

Desde LEDESMA NAT pregonan encarar el desafío de seguir los pasos para convertir una actividad en hábito, invitándolos a «escribir el cambio». Por ejemplo, desde sus redes sociales fomentan hábitos amigables al medio ambiente como no olvidar las bolsas reutilizables para las compras, separar los residuos orgánicos de los plásticos, vidrio y papel: hacer compost y usar la bicicleta en lugar del transporte público.

Fomentar un consumo responsable es entender que los recursos naturales no son renovables y que las generaciones futuras deben tener las condiciones necesarias para poder vivir. El consumidor elige en el mercado la historia que se contará en el futuro.

Depende de todos

Podemos enumerar 3 aspectos fundamentales para el consumo responsable:

Consumo Ético, en este se requiere incorporar aspectos valorativos a la hora de consumir un producto. La austeridad es un pilar básico: no comprar lo que no necesitamos. Saber separar lo realmente necesario a las necesidades creadas por la publicidad. Básicamente es la contra cara del consumismo. La disminución en la cantidad de cosas que compramos o consumimos lleva a una reducción en la cantidad de basura y contaminación que producimos.

 

 

Consumo Ecológico, la mirada puesta en cómo se produce el insumo que vamos a consumir. Cuánto contamina el proceso de producción, los desechos industriales que produce su fabricación, etc. También se analizan los productos de origen orgánicos poniendo el acento en la generación de una agricultura y ganadería ecológicas, que no dañen o lo hagan en una menor medida.

 

 

Consumo Social o Solidario, acá el eje está puesto en las condiciones sociales y laborales en las que se fabrica un producto, un insumo o un servicio. Las relaciones con los trabajadores, el ámbito de trabajo y el pago justo. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a los productores de las zonas periféricas como a los que están en nuestro ámbito local y de potenciar alternativas sociales de producción e integración, promoviendo un desarrollo equitativo y sustentable.

Las características del consumo responsable son:

  • Es un hecho consciente, ya que es premeditado y antepone la libre elección a la presión de la publicidad y a las modas impuestas.
  • Es crítico ya que se pregunta por las condiciones sociales y ecológicas en las que ha sido elaborado un producto o producido un servicio.
  • Es ético, se basa en valores como la responsabilidad, la austeridad como alternativa al despilfarro y al consumismo, o el respeto de los derechos de los productores y del entorno.
  • Es ecológico al prevenir el derroche de los recursos naturales, ya que una producción masiva degrada el medioambiente.
  • Es saludable porque fomenta un estilo de vida basado en hábitos alimenticios sanos y equilibrados y en la compra de productos de calidad y respetuosos con el entorno.
  • Es sostenible ya que reducir el consumo innecesario puede mejorar la calidad de vida del planeta y el equilibrio medioambiental y se generarían menos residuos.
  • Es solidario con otros pueblos y con las generaciones futuras, puesto que se respetan los derechos de aquéllos y se aseguran los de éstos.
  • Es socialmente justo ya que se basa en los principios de no discriminación y no explotación.
  • Tiene poder de transformación social. Las personas consumidoras tienen el poder de transformar un mero acto de consumo en un verdadero acto de la ciudadanía. De esta manera, a través de  gestos cotidianos, se puede contribuir a un cambio significativo en las reglas y patrones de producción y consumo de la sociedad.
  • Los poderes públicos tienen la responsabilidad de dictar normas para que la economía sea sostenible, solidaria y respetuosa con los derechos humanos, pero son las personas consumidoras a título individual las que optan o no por un modo responsable de consumir.

El poder del consumidor es fundamental. Porque, si bien hay empresas (como las empresas B, por ejemplo) que están adhiriendo a estas políticas de cuidado de medioambiente; está en cada uno de nosotros exigirles a las empresas y gobiernos (a unos con la compra a otros con el voto) incorporar estas prácticas sustentables, que en última instancia, nos hacen bien a todos.


 

 

 

 

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El autor

Juan Miceli

Juan Miceli

Periodista.
Paisajista. Egresado de Pampa Infinita.
Técnico en Producción Agropecuaria.
Licenciado de Relaciones Internacionales.

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