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El árbol sagrado de los Incas

Aguaribay, el árbol sagrado de los Incas

Por Carlos J. Thays de su libro “árboles”

Familia: Anacardiáceas

Nombre científico: Schinus molle

Origen: Bálsamo, Gualeguay, terebinto, árbol de la pimienta.

Este árbol puede alcanzar entre los quince y veinte metros de altura con apreciables características ornamentales. Su copa está formada por ramazones flexibles, péndulas, de follaje persistente, de un colorido verde grisáceo.

Foto: Mili Seijas

Las flores, pequeñas y amarillentas, se disponen en panículas terminales, aunque también axilares, a partir del mes de diciembre. Los frutos son pequeñas drupas esféricas de cáscara coriácea y pulpa escasa que encierra un carozo dulce y picante, que es empleado como sustituto de la pimienta.

Los incas lo consideraron sagrado y lo llamaron el árbol de la vida. También lo denominaron mulli y era muy apreciado por los múltiples usos que brindaba. Fue plantado a la vera de las rutas de comunicación con el Imperio Incaico, para dar protección a los chasquis.

Es un árbol benefactor por su fortaleza, la frescura y la belleza que brinda desde su fuste, ramas y flores, además de las múltiples propiedades que le confieren. Dicen que al dormir debajo de un aguaribay se tiene un sueño sereno. Un aroma suave inunda los sentidos, la brisa acaricia con su enramada, además él aleja todos los insectos para que su huésped tenga un reposo calmo a la sombra de su copa.

Está muy difundido en el norte y centro de nuestro país. En el noroeste se le dice molle y en las provincias cuyanas se lo denomina pimiento o pimentero, nombre derivado de su fruto picante, que se usa para adulterar la pimienta.

Es gomífero, resinoso, tintóreo, medicinal, combustible y melífero. En la época de los incas se extraía de él un bálsamo que se aplicaba con buenos resultados para curar las heridas. Algunos autores le atribuyen equivocadamente su origen a México, por la gran difusión que tuvo en ese país, pero lo cierto es que fue llevado desde Perú.

Gómez Suárez de Figueroa, apodado con el nombre de Inca Garcilaso de la Vega a partir de 1563, fue un escritor e historiador de ascendencia hispano-incaica nacido en el territorio actual del Perú

El Inca Garcilazo de la Vega le dedica en sus comentarios reales (1613) un capítulo entero, “Del árbol Mulli y del Pimient”, donde relata como se preparaba un brebaje muy curativo para el sistema urinario y también el cocimiento de sus hojas en agua servía para lavarse las piernas y el cuerpo para eliminar la sarna y curar llagas. Sus hojas tienen también propiedades tintóreas: se las hierve en agua y se deja durante una hora, tiñe de color amarillo.

Fue también muy utilizado por los jesuitas quienes elaboraban de sus hojas y con sus ramas un medicamento que curaba úlceras, práctica que se sigue usando en algunos lugares de las provincias de la Mesopotamia y del Paraguay.

El nombre vulgar de molle lo debe a una derivación de la palaba mulli que era el vocablo usado por los incas para llamar a este árbol. Dentro del mismo género Schinus la especie areira, originaria del Perú, se encuentra naturalizada en México. En nuestro país su área de dispersión comprende desde las provincias de Salta y Jujuy hasta la del Río Negro, donde se lo conoce con los nombres Gualeguay, molle de Castilla, pimiento, terebinto y otros de uso local, según sea el lugar donde se encuentre.

Silvina Ocampo, en su libro Arboles de Buenos Aires, publicado con Aldo Sessa, le escribe así al aguaribay:

Silvina Inocencia Ocampo ​​ fue una escritora, cuentista y poeta argentina. Su primer libro fue Viaje olvidado y el último Las repeticiones, publicado póstumamente en 2006

“Cae del aguaribay una lluvia,

gris y celeste apenas verde,

cuando no llueve. Es el follaje.

¡Lánguido follaje! Que si se prueba

hoja por hoja es picante.

¡Hermano del sauce criollo!

Dicen que fue árbol sagrado de los Incas

o lo llaman Bálsamo, Terebinto, Gualeguay.

Puntillas de sus hojas teje el cielo

tenues en el poniente.

Hay que acercarse al tronco y tocarlo

para confirmar que es el árbol que buscamos

y no la aparición de ese árbol.

Entonces en la sombra más transparente que otras

nos detenemos

envueltos en la luz tamizada de espejos.

Un solo aguaribay no es hermoso como varios.

Varios se acercan en la aurora, se alejan en la noche.

Violetas van poniéndose

Como nueves o pechos de palomas

que arrullan con anilladas plumas.

Varios no valen lo que vale uno solo;

uno solo penetra en las nubes de la tarde

siembra en el sol de enero

Su gusto a pimienta.

Cortina da al mendigo,

que cocina su carne.

Cortina da al amante,

en postura de acróbata.

Cortina umbrosa da al que sabe gritar

gol con voz de tigre.

y el que se echa a dormir con el pelo revuelto.

Un solo aguaribay no se da como varios.

Un solo aguaribay es nuestro.

Varios son mas nuestros. Serán casi nosotros.”

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El autor

Milagros Seijas

Milagros Seijas

Periodista. Egresada de la Universidad Católica Argentina.
Paisajista. Estudiante de la Sociedad Argentina de Horticultura.
Jardinería. Escuela Hall, Universidad de Buenos Aires.

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