Historias

DE COMBATIENTE EN MALVINAS A JARDINERO Y PAISAJISTA

Soldado, jardinero y sobreviviente


José Cruz pasó de las trincheras a los canteros. Dejó el fusil y empuño pala y rastrillo para desmalezar en su propio jardín interior y arrancar las malas hierbas de la guerra que lo atormentaron durante años.

José pertenece a ese selecto grupo de personas que integran la nobleza; noble de sentimientos, noble en su trabajo y noble con sus afectos.

-¿Cómo te presentarías a vos mismo ante la sociedad con esta historia tan impactante que tenés?

-El soldado de Malvinas y el paisajista son dos instancias muy importantes a lo largo de mi vida y una está ligada a la otra y no podría decir cuál está primero y cual está después.

Lo cierto es que transité por un largo camino para poder disfrutar de las dos porque al principio lógicamente mi actividad como paisajista no estaba del todo declarada dentro de mí y con Malvinas, a mi regreso, no sabía dónde ubicarme, cómo hacer para que Malvinas no siguiera quemándome por dentro.

Yo creo que mi historia está relacionada con revertir todo el horror de una guerra por la paz y el amor, y no fue otra cosa que desdoblar todas esas experiencias que fueron negativas en algo que hoy sea de tanta vitalidad, de tanta pureza como es trabajar con la naturaleza, trabajar con los seres vivos y procurar siempre generar un ámbito de placer.

Creo que cuando diseñamos un jardín estamos interpretando lo que nuestro cliente desea y lo que viene a nuestro corazón, a nuestra mente y a nuestra posibilidad, de crear a través del diseño.

Y eso se vivencia en mí también cuando hago un mantenimiento, porque es procurar que nada quede destruido, que todo vuelva a regenerarse, a crecer, a brotar.

-Para los ex-combatientes, la guerra de Malvinas fue un antes y un después, ¿cómo fue en tu caso?

-Siempre los hechos traumáticos en todos los seres vivos generan un antes y un después. Malvinas cambió totalmente mi sentir, tardé 28 años a mi regreso de Malvinas en darme cuenta cuál era mi misión en la vida. Tuve que tocar fondo, porque cuando regresamos teníamos el sabor amargo de la derrota y para eso no hubo consuelo. Además, durante mucho tiempo deseaba haber sido uno de los elegidos en haber quedado en las islas enterrado. Eso me atormentó muchísimo tiempo al punto de querer adelantar el proceso de la vida y quitarme la vida porque no sabía qué hacer y muchas veces no me sentí bien, porque no pude ganar la batalla o recuperar las islas, y a la vez sentía el pesar y la culpa de que yo estaba vivo y otros habían quedado. Eso fue muy duro y toque fondo generando situaciones desagradables en mi entorno. Muchas veces el veterano de guerra al no saber cómo canalizar sus deseos, sus luchas y sus infiernos internos termina poniendo “las bombas” en el entorno familiar.

Generalmente hacemos daño a quienes nos aman y que también amamos, pero como es un proceso de autodestrucción uno vuelve a generar situaciones como que me tengo que morir o me tendría que haber muerto o “qué hago yo acá y por qué”; bueno esas cosas dieron vueltas durante mucho tiempo en mi cabeza.

-¿Y qué te mantuvo conectado con la vida?

-A mi regreso en el año 85 yo ya había empezado a sentir que mi corazón latía al compás del latido de las plantas y empecé a darme cuenta de que había una vida maravillosa cuidando plantas, haciendo jardines, haciendo mantenimiento y así empecé a buscar un lugar donde pudiera canalizar mis deseos de aprendizaje y llegara a ser un profesional.

Empecé a investigar y no existía la carrera de grado en 1985 y lo más excelso que había dentro del ámbito de las plantas era el Instituto argentino de paisajismo que era dictado por directores japoneses.

Y así fue, empecé a estudiar paisajismo con ellos y nunca más paré de capacitarme, pero siempre, siempre hay un antes y un después de la guerra.

-¿Ya había un jardinero, un paisajista en potencia?

-Nací en la provincia de Tucumán en el jardín de la república y soy hijo de dos excelentes padres Berta y Rubén siempre digo que nací en un hogar pobre hacia abajo, pero estos papás fueron para mí como reyes, lo entendí con los años porque dieron para mí lo mejor, pusieron todas las semillas que hoy enarboló, mis padres fueron los que me enseñaron a respetar todo ser vivo que existe. Me enseñaron dar gracias a Dios por un plato de comida y de que si uno hace una oración con un corazón sincero Dios responde a nuestras oraciones, crecí en un hogar cristiano y más especialmente dentro del mormonismo, aunque hoy ya no me gustan tanto esas divisiones para amar a un mismo ser superior, creo en el ser humano que es en definitiva el único que puede hacer las cosas por su propia voluntad de la mejor manera, entonces haga lo que haga, poniendo el corazón siempre algo bueno va crecer.

-¿Qué jardines recordás?

-Mis abuelos tenían cada uno su jardín y desde muy chico me decían que no lastimara las hojas, que no arrancara una flor porque sí o si la arrancaba que fuera para regalarla o para mi mamá, pero siempre tenía que tener un sentido, lo mismo que el cuidado de los frutales. Y en la casa mi abuela siempre estaba la parra y era toda una ceremonia cortar las uvas y me acuerdo que cuando llegaba la temporada de podarlas era todo un ritual y había que conservar los esquejes para regalárselos a un amigo o a una familia que quisiera una parra en su casa.  Así que empecé a tener esa sensación de que la naturaleza estaba muy ligada a mí de chico, también jugaba en el parque 9 de julio de Tucumán, mi abuela nos llevaba y nos hacía percibir el olor del rocío de los eucaliptos, frotaba sus dedos en cada hoja para descubrir los aromas, los colores, y muchas veces los sabores y eso era maravilloso, era un despertar y una aventura ir al parque o a los jardines de los vecinos a recorrerlos.

-¿Tenías la relación con las plantas que tenés ahora?

-Recuerdo que desde muy chico gran parte de mis tareas era cuidar las plantas de casa y también aprendí a cuidar los jardines de los vecinos. Así empecé a cobrar algo por cortar el pasto y por podar los setos de los vecinos y con esa plata que juntaba me compraba una pelota de fútbol.

Crecí disfrutando del sol intenso, del calor de las tardes de la siesta, allá en mi provincia cuando de pronto se armaba una tormenta y las nubes se convertían en un gran helado de limón y recuerdo jugar al fútbol en medio de las tormentas y el campo de juegos era un barrial y era lo más divertido que podía existir en mi vida, esos son los mejores recuerdos de esa infancia y ese crecimiento en mi provincia.  Y cuando llegaba la primavera, las plantas de naranjas silvestres que estaban plantadas en las calles con sus azahares que estallaban en aromas e inundaban con una fragancia espectacular. Esos recuerdos no se borran jamás.

-¿A la vuelta de Malvinas las plantas fueron tu primera opción?

-Durante mucho tiempo me di cuenta de que Malvinas son mi pasión y mi honor, y el paisajismo, mi profesión y mi felicidad. Son dos vivencias que habitan dentro de mí persona, y que no podría vivir sin estas dos situaciones, porque soy inmensamente feliz hoy a través de lo que Malvinas me dejó, porque puedo transmitir a otros esa gran enseñanza que no es solo contar hechos de guerra sino lo que la guerra puede transmitir que es una valoración absoluta y honrar la vida y hablar del amor, el amor a Dios, el amor al prójimo. Y también la guerra te hace valorar cien mil veces las cosas que tenemos y no nos damos cuenta como la comida, al agua caliente, la paz, una ducha de agua caliente y hasta el papel higiénico.

Y el paisajismo me permite disfrutar mucho porque cada día es distinto, por eso digo que es mi profesión y mi felicidad porque salir a trabajar en cada una de las estaciones es un deleite, ver cuando sale el sol o cuando por la tarde se acuesta es maravilloso, sentir el olor de la tierra mojada, el olor de las plantas, es mantenerme plenamente en vida y en felicidad. Esas son las dos definiciones que yo podría enaltecer cuando hablo del veterano de guerra y el paisajista.

-¿Cómo te acercaste profesionalmente a la jardinería y el paisajismo?

-Cuando te tocaba el servicio militar te preguntaban en que te desempeñabas y yo levanté la mano y me ofrecí como voluntario para ser jardinero y me ofrecieron cumplir el servicio militar en un campo de golf que pertenecía a la base naval Puerto Belgrano dónde iban a practicar golf los oficiales.

En aquel entonces también amaba mucho a los ovejeros alemanes, entre los 16 y los 18 años los criaba y los adiestraba porque los perros formaban parte de mi familia.

Por eso en un momento pedí ir al batallón de seguridad, que es la Infantería de Marina. Y en ese batallón donde estaban los “perros de guerra” comienza mi relación con un amigo inseparable que fue mi perro llamado Bogel, me lo dieron para que yo lo cuidara e hicimos el servicio militar juntos y cuando llegó Malvinas, Bogel que estaba a mi cargo, y era uno de los cinco mejores perros para ir a Malvinas fuimos juntos y si no hubiera sido por él no hubiera podido atravesar las situaciones que me tocaron vivir. Tengo tantas cosas que aprendí de mi perro que hasta el día de hoy con sólo nombrarlo me emociono porque creo que definitivamente fue un ángel que Dios me concedió para poder atravesar lo que me tocó vivir en Malvinas.

-¿Con los ojos de un paisajista, la vegetación de Malvinas ahora la ves diferente?

-Si, porque para mí, cuando pienso sin los ojos del paisajismo, Malvinas todo es dolor, gris, humo, olor a pólvora y mucho sufrimiento, muchísimo frío y desolación. Pero tengo compañeros que pudieron regresar y que sacaron fotos y estuvieron en distintas etapas del año y últimamente tenemos en “Malvinas Educación y Valores” un vídeo que se llama “Malvinas hoy” que fue realizado desde la visión aérea de un dron en una fecha donde las flores realzan el color de todo lo que es ese mar celeste transparente con una vegetación muy bajita, muy silvestre con muy poquitos árboles que apenas están en pie porque el viento es tremendo y lo tuerce todo y los pocos jardines son los que están muy cerca de las casas donde hay pequeños invernáculos y la gente con una cultura totalmente diferente a la del argentino común, ellos se sienten ingleses son ciudadanos que honran sus culturas y eso se ve reflejado en su jardines.

Quizás en un momento vuelva, pero por ahora no estoy preparado, tengo ciertas heridas que no se cerraron y que creo que se volverían a abrir por sólo saber que la gente que habita esas tierras a nosotros no nos ven bien.

Si siento que es un derecho el que tenemos que reivindicar constantemente, el derecho argentino, nada excluye el reclamo y ojalá que podamos tener la conciencia suficiente para poder reclamar ese derecho por la vía pacífica.

Pero el paisaje hoy lo veo diferente y lógicamente hay un ejercicio de recuperación a través de la terapia y de haber modificado esos colores grises y el humo en ver hoy una isla con color celeste con flores amarillas con las aves volando al ras de las olas del mar y creo que es allí donde me siento feliz sintiendo ese vuelo que me permito hacer imaginariamente.

-¿El trabajo con el paisaje te ayudó a sanar?

-Si, me ayudó a sanar mi vida. En un principio a mi regreso quise ser profesor de educación física o analista de sistemas pero resulta previo a mi casamiento me involucré en un kiosco de flores! Yo me casé con una chica que escribió una carta a Malvinas y a mi regreso la conocí, nos pusimos de novios y a los cuatro años nos casamos. Ella es la mamá de mis hijas. Mientras nos estábamos preparando para casarnos apareció mi primer intento de ser emprendedor y me asocié a un kiosco de venta de flores. Fue ahí cuando empiezo a tomar mi primer contacto tanto con las flores y las plantas. Me di cuenta que no sabía ni el nombre ni cómo cuidarlas entonces empecé a estudiar a comprar mis primeros libros. También me contacté con los productores y viveristas japoneses, italianos y portugueses.

Así aprendí sobre las plantas de interior, de exterior, los grandes ejemplares, las tropicales, las acuáticas, encontré un mundo maravilloso. Así conocí a productores como el papá de Carlitos Gásperi o Doña Yani o japoneses que me enseñaban como multiplicar plantas, cómo cuidarlas, cómo ubicarlas y en cada incursión que iba a los viveros me quedaba horas eligiendo y preguntando y hasta el día de hoy ir a comprar mis plantas es una de las actividades que más disfruto.

Cuando volví de Malvinas, volví muy vacío como que me habían arrancado el corazón y mi mente vegetaba, no sabía muy bien hacia dónde ir, nada me terminaba de gustar ni conectar y era más mi deseo a una desconexión definitiva.

Trabajé como repositor de un super, en una época difícil donde tenía que llenar la góndola de mercadería y ponerle precio y a los cinco minutos por la inflación cambiaba el precio y había que volver a empezar, sabía a la hora que entraba, pero no a la hora que salía. Ahí me di cuenta que prefería estar con la ropa llena de olor a pasto cortado, con manchas de savia y estar con las manos llenas de tierra.

Y en un momento tuve que decidir y dije prefiero morirme de hambre porque ya había aprendido a luchar por lo que más amaba y dentro de lo que más amaba estaba el paisajismo y la jardinería entonces dije tengo que luchar por esto sí es lo que amo, una vez más la vida me enfrentaba a esa decisión y tomé la decisión correcta para dedicarme pura exclusivamente a trabajar en jardinería. No tuve grandes oportunidades de diseñar si bien me capacité y estudié muchísimo y uno de mis logros más recientes fue que después de más de 20 años puede ingresar a la escuela de diseño de jardines Pampa infinita.

Yo conocí al paisajista John Brooks hace aproximadamente 25 años.

Tuve la oportunidad de estar en las primeras charlas que dio acá cuando vino a la Argentina pero económicamente no podía pagar esos estudios, tarde 20 años en llegar y en el año 2018 después de tanto soñar pude Ingresar a Pampa infinita y soy egresado de la promoción 2018 y esa es una de mis mayores satisfacciones donde plasme un montón de conocimientos y de amigos que me da la vida constantemente.

Una vez más pude hacer posible mi sueño, soy un gran soñador, me enseñaron mis padres a tener grandes sueños y a no perderlos de vista y sí muchas veces los sueños no se concretan tan rápido como uno lo desea es porque algo no está haciendo bien uno mismo, pero que el sueño se concreta no cabe la menor duda.

-¿Qué disfrutás más, el diseño, la ejecución, elegir las plantas, mantenerlas?

-En cuanto al diseño he tenido algunas oportunidades de diseñar pero me especialice en el mantenimiento porque empecé desde abajo, empecé no sabiendo nada y cuando digo desde abajo digo desde que era muy chico sacando panes de césped y poniéndolos en el jardín de mi vecina, a podar las plantas sin técnica, pero con el paso de los años me estoy especializando y disfruto mucho de cada segmento de esta profesión creo que el diseñar es exquisito, es mágico y creo que hay una gran capacidad y talento en los jardineros que pueden hacer que el jardín viva, perdure en el tiempo y que conserven la esencia de quién lo diseño. Porque si no hay un verdadero jardinero que realmente sepa de las plantas que las conozca, que las respete que sepa cuando están tristes, cuando hay que podarlas o que florezcan de mejor manera, no sirve de nada ser un gran paisajista.

-¿Qué plantas te gustaría ver en Malvinas, que la zona lo permita?

-Pienso que las plantas que me gustaría ver en Malvinas, por lo que significan, son los árboles, me gustaría poder ver más árboles pero también estaría interviniendo el paisaje debido a que si la naturaleza nos llegó a ponerlos creo que tampoco yo sería digno de ponerlos. A mí los árboles me generan respeto, protección, por su crecimiento, su desarrollo, su firmeza y su visión desde la lejanía. Entonces se acortarían las distancias, al no haber árboles todo es más distante.

-¿Con qué planta te identificas?

-La planta con la que me identifico y que también tiene mucha connotación con mi origen y mi provincia por lo que me representa son los helechos.

Me encantan los helechos, me dan una sensación de frescura, de vitalidad de transparencia, de etéreo y me encanta el movimiento a través del viento, creo que definitivamente me quedaría con los helechos que crecen a los pies de los árboles en mi provincia, donde empezó todo, en Tucumán.


Para más información podes ingresar en:

Email: jcpaisajista@Gmail.com

 

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El autor

Juan Miceli

Juan Miceli

Periodista.
Paisajista. Egresado de Pampa Infinita.
Técnico en Producción Agropecuaria.
Licenciado de Relaciones Internacionales.

1 Comentario

  1. Bibiana Rieche
    28/08/2020 de 19:46 — Responder

    Tener el honor de acompañar a José en su acercamiento al arte como parte de sus herramientas a la hora de dar forma a un paisaje, es uno de los regalos más lindos que obtuve en mi camino como artista visual. Te abrazo José Cruz! Felicitaciones por la nota, Juan Micceli!

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